Padre del Cielo, a cuya diestra y gloria
está sentado el Hijo omnipotente,
y espíritu divino refulgente,
inmenso, trino y uno en mi memoria.
Virgen, de quien de regalada historia
tus loores contra el cielo dulcemente,
por cuyo dulce sí la humana gente
gozó del enemigo tal victoria;
ángel Gabriel, que fuiste mensajero
para tan dulces nuevas escogido,
diciendo alegremente: «Ave María»;
dadme victoria del alarde fiero,
pues con deseo y ánimo debido
en vuestras manos pongo el alma mía.