Ya me espantaba yo que la fortuna,
la mayor enemiga que amor tiene,
no mudase mi bien al mal que viene,
pues no sabe tener firmeza alguna.
¡Qué presto a los contentos importuna
los pesares solícita previene!
¡Qué poco en un estado se detiene,
pues no ha parado próspera ninguna!
Mas aunque más mudable y fácil eres,
seré más firme mientras más me asombres,
por vencer la opinión de las mujeres.
De fáciles nos dan mudables nombres,
y todos nuestros varios pareceres
habemos aprendido de los hombres