Españoles gallardos, norabuena
volváis a Flandes, que esta vida sola,
es oro que en las vuestras se acrisola,
cuyo escudo español Flandes cercena.
El nombre de español, ¡qué dulce suena!
¡qué briosa nación es la española!
¡qué bien armado, desde el pie a la gola,
parece el dueño de mi dulce pena!
Matome un español. ¡Ay! Si dijese
quién me mató, sin duda el alma, en calma,
de gloria los sentidos suspendiese.
Alta esperanza fue sobre una palma;
mas cuando el cuerpo nunca el fruto viese,
basta, señor don Juan, gozarte el alma.