Si en el poyo más limpio y más pestífero
de tu cocina fresca y aromática,
duermes por no escuchar la dulce plática
de este cautivo pobre lacayífero,
despierta de mi pena al son mortífero,
Medea pucheril, Circe fregática,
pues eres la piscina y la probática,
que me ha de dar remedio salutífero.
Vuelve los pernizarcos ojos rígidos
a este ojizambo amante en mil recámaras,
el alma llena de éticas y tísicas.
Mira que de tener los pies tan frígidos,
podrá, señora, ser que me den cámaras,
que para ti serán crueldades físicas