Ya no quiero más bien que sólo amaros,
ni más vida, señora, que ofreceros
la que me dais, cuando merezco veros,
ni más gusto que veros y agradaros.
Para vivir, me está bien desearos,
para ser venturoso, conoceros,
sólo le pido a Dios, para entenderos,
ingenio que ocupar en alabaros.
La pluma y lengua, respondiendo a coros,
quieren al cielo espléndido subiros,
donde están los espíritus más puros;
que entre vuestras riquezas y tesoros,
papel y lengua, versos y suspiros,
de olvido y muerte vivirán seguros.