Cual hombre, o Clara, no sintió tu afrenta
si un perro ladra a quien herirle quiere,
la honra hace al León que visto espere,
cantando el ruiseñor su agravio cuenta.
Y mata a quien su honor quitarle intenta
el blanco cisne, que cantando muere,
da un silbo el toro, mas a quien le hiere
brama y empina la cerviz exenta.
La persona más bárbara, y desnuda,
siente el afrenta, y de esto viven llenas,
graves historias que el honor amparan.
Y Dios humano tengo por fin duda
que sintió por extremo entre sus penas
ver ofendida su divina cara.