Amor, pues que de Dios te precias tanto,
¿cómo pagando mal estás contento,
si estima el agradecimiento,
come la voluntad y bebe el llanto?
A Octavia desagrado, a Octavia espanto
con mi tierno, aunque justo pensamiento,
y véngola a seguir, siguiendo el viento,
pues a su sol sin alas me levanto.
Pasos perdidos, donde vais acaso
guiados por la fuerza de un deseo,
por quien tan graves desventuras paso.
Un hidrópico amor me enciende y creo
que cuanto más me hiela más me abrasa
y más le busco cuanto más le veo.