Seguiré las estampas, áspid fiero,
de tu nieve veloz, para que quedes
laurel aquí, pues al de Apolo excedes,
de cuyos brazos coronarme espero.
Pésame que este sitio lisonjero
te muestre porque vueles cuanto puedes
con arena sutil, verdes paredes
y sendas limpias a tu pie ligero.
Mas no serás laurel para no darme,
aquel honor que la virtud procura
si quiero de tus brazos coronarme.
Ni puedo yo tener tanta ventura,
pues antes, por huir y por dejarme,
te querrás convertir en fuente pura.