Laura, ¿quién son aquellos embozados,
al mismo niño Amor tan parecidos,
que no lo fueron por andar vestidos,
y quieren encubrirse declarados?
¿Aquellos envidiosos desvelados
con lo que más adoran, más fingidos
que quieren de esos pechos ofendidos,
siendo traidores, presumir de honrados?
¿Aquellas sombras que despiertan sueños,
y aquel sueño de amor con mil desvelos
de ardientes llamas y accidentes fríos?
Estas del miedo y de la envidia señas,
¿quién duda que dirás que son tus celos?
Pues, Laura, no lo son, que son los míos.