Si el soberano Alá ciño mi frente
de cuanto mira en Asia el sol hermoso,
y estremece mi nombre victorioso
a los últimos cercos de occidente,
¿cómo es posible que el respeto intente
de un vil esclavo detener furioso
el curso de mi gusto poderoso
y que mi agravio a mi vasallo afrente?
¿Qué temo a quien el ser que tiene he dado
mis gobiernos, mis firmas, y mis sellos?
Que temer un señor a su criado
es temer la cabeza a sus cabellos,
un pintor la figura que ha pintado,
y el que hace vidrios de beber en ellos.