Huesos que a tantos les habéis quitado
la carne hasta dejarlos en los huesos,
huesos que por la cara tengo impresos
los mismos puntos, quien os ha pintado.
Huesos que habéis a tantos obligado
a decir y aun hacer tantos excesos,
tan inquietos en todos los sucesos,
me parecéis de huesos de azogado.
Yo os conjuro y os maldigo cuanto puedo,
que lo malo no tengo que alaballo,
aunque tras esto satisfecho quedo.
Que la mujer, el dado, y el caballo
sienten el hombre que les tiene miedo
y todos tres procuran derriballo.