Ricardo, cuando salgas de esta vida,
tu lengua y pluma de verdades llenas
se volverán dos blancas azucenas,
que nunca el cielo de premiar se olvida.
Como tienes la honra tan perdida,
envidias y persigues las ajenas,
naciendo de saber su nombre apenas
el ser de tantas horas homicida.
A todos por cualquiera niñería
mandaba un gran señor dar gran dinero,
porque jamás dinero visto había.
Lo mismo de tu lengua considero;
que quien sabe qué es honra, no podía
tenerla en poco si la vio primero.