¡Con qué justa razón a la esperanza
dieron nombre de flor, pues que la imita
en que tan brevemente se marchita,
que tiene entre las hojas la mudanza!
Lustrosas perlas a la aurora alcanza,
de matizados círculos escrita;
belleza que la noche solicita
pera perder su ardor en su templanza.
Sembraba yo, porque la tierra nueva
me prometió de amor ricos favores:
¡Ay, loco engaño, de mis celos prueba!
¿De qué sirve sembrar locos amores,
si viene un desengaño que se lleva
árboles, ramas, hojas, fruto y flores?