Cuando mi libertad, contemplo y miro
que me quitaron unos ojos bellos,
y veo el alma con servitud por ellos,
lloran los míos, y de amor suspiro.
No de su luz hermosa me retiro,
ni de que el alma se me abrase en ellos,
que sin la posesión bastara vellos,
tanto su gloria y su grandeza admiro.
Cuando yo considero que soy suya,
y que mis celos y disgustos causa,
adoro y beso la áspera cadena.
Que no puede haber mal que me destruya,
que en consideración del que es la causa,
no vuelva bien el mal, gloria la pena.