Quien no supo del mal, dice un poeta
que no merece el bien, y yo podría
decir que quien el mal no conocía
tendrá con él el alma más inquieta.
No hay vida humana a más dolor sujeta
que la que del descanso que tenía
vino a tan bajo estado, que o hay día
que miserable fin no le prometa.
No puse mi esperanza en cosa alguna
en que tuviese firme confianza,
más que en los cursos de la blanca luna.
Cual el principio fue, tal fin me alcanza,
que el mar, el fuego, amor y la fortuna
no piensan que lo son sin la mudanza.