¿Qué es esto, locos, pensamientos míos,
que andáis cubriendo al mundo con engaños
la causa desigual de vuestros daños,
fingiendo melancólicos desvíos?
La gravedad disfraza en hielos ríos
las llamas, que no admiten desengaños,
que amor que no se templa con lo años,
obliga a temerarios desvaríos.
Crecen de mi dolor las asperezas,
y en tanto mal ¿cómo callando espero
amores, celos, iras y firmezas?
Los que me miran con rigor tan fiero,
a Alejandro atribuyen mis tristezas,
¡y nacen mis tristezas de Rugero!