Sube tal vez alguna débil parra,
por el tronco del álamo frondoso,
hasta su extremo sin hallar reposo
y está loca en sus brazos de bizarra.
Tal vez del gavilán la veloz garra
vence la cuerva, y sube el caudaloso
arroyo al monte, y en su extremo hermoso
desestima la margen de pizarra.
Llega a ser mar el más humilde río
cuando por las riberas le concede
que tome de sus aguas señorío.
Luego podré, si el de mi llanto excede
igualar estos brazos, Félix mío,
pues cuanto quiere amor todo lo puede.