Hablaros quiero y descortés aguardo
que vos me habléis a mí, señor divino,
mirad a que llego mi desatino,
que cuanto más me importa más me tardo.
Voy a buscaros, y de vos me guardo,
más me defiendo, cuanto más me inclino,
quiero que vos hagáis lo que imagino,
y en daros la materia me acobardo.
De día en día dilatando el día,
que vos me habléis a mí primero quiero,
¡qué loco error, qué necedad la mía!
Si me importa vivir, ¿qué tiempo espero?
pues aunque fuera en buena cortesía,
es bien, Señor, que os hable yo primero.