En duda de mis celos honra grave,
mejor es inclinarme a mi sosiego;
si los celos son lince, amor es ciego,
y no quiere buscar lo que no sabe.
Si voy seguro al puerto con mi nave,
¿quién me vuelve a la mar cuando ya llego?
pero ¡ay de mí!, que si en el alma hay fuego,
¡qué importa que los ojos tengan llave?
No son de hombre discreto estos oficios,
aunque con el temor el honor lucha;
que averiguar los celos por indicios,
o sea con razón, pequeña o mucha,
es como quien escucha por resquicios,
que le pesa después de lo que escucha.