A las reliquias que en distancia poca
dejó la boca de mayor dulzura,
pondré abrasada la que ya procura
saber si en esta tierra el cielo toca.
Alma de amores de aquel Ángel loca,
ya lo mortal del cuerpo os asegura
el barro que tiñó su grana pura,
presa en las perlas de tu dulce boca.
Amor, ya que te doy laurel y palma,
o si mi boca aqueste barro fuera,
y el agua el alma que me deja en calma.
Porque mis labios en los suyos viera,
y ella en el agua me bebiera el alma,
que si fuego me dio, fuego le diera.