Altas montañas, donde el cielo llueve
blancas defensas contra el Sol que os gasta,
amor en sus principios me contrasta,
mi pecho sepultad en vuestra nieve.
Que resistencia a su rigor se debe
en una voluntad sencilla y casta,
si la del tanto honor apenas basta
cuando furioso a la razón se atreve.
Carlos me va mirando con vergüenza,
ya por lo menos que me quiere creo,
que de creerse amar amor empieza.
Encierro el bien, y cierro el daño veo,
pues me dice el honor que huyendo venza
y tiéneme los pasos el deseo.