Un áspid traje dentro de mi pecho,
o entre las hierbas escondido acaso:
probé ignorante de veneno el vaso,
que ya pone mi vida en tal estrecho.
A la contraria espada fui derecho,
y al vivo incendio con ligero paso,
donde apenas le digo que me abraso
a quien entre sus llamas me ha deshecho.
Alíviase la pena cuando es dicha,
porque suele la queja socorrella,
y poderse quejar del mal es dicha.
Mas ni tan poco bien me dio mi estrella
que siendo por mi causa mi desdicha,
Cómo puedo quejarme de tenella?