Próspera me sucede la Fortuna,
notablemente ayuda a mi deseo,
pues ya tan cerca mi venganza veo;
y sin temor, dificultad ninguna.
Oscurece tus rayos, blanca Luna,
si el de mi espada en un tirano empleo,
cuyo delito temerario y feo,
por venganza, a los cielos importuna.
Un pobre hidalgo soy, la empresa es alta;
mas no merece caso tan piadoso
el fin que me amenaza y sobresalta;
ni yo merezco el nombre de alevoso;
que con la industria, si la fuerza falta,
se vence al enemigo poderoso.