Si fui más luz que el sol, si mi nación,
la patria celestial, reinó sin fin;
si por la pompa cedro de Sethín;
si por la altura alcázar de Sión;
si por ciencia, divino Salomón;
si por belleza, Aurora de jazmín;
si por naturaleza, Querubín;
si Dios por pensamiento y presunción;
¿cómo temo que ya pena me den
los verdes campos del segundo Adán,
aunque sembrados de su mano estén?
Mas ¡ay! que con razón pena me dan,
pues siembra Dios el trigo de Belén
en tierra virgen para darles pan.