¿Por qué lo que por mí pasar pudiera?
¿Quién fuera sino yo tan desdichado?
A Florela, que en Mantua había dejado,
hallo en Ferrara contra mí tan fiera;
Laura me mata; ¡oh, nunca yo la viera!
Florela me persigue, y se ha vengado,
pues con el laberinto fabricado,
entretener mi pretensión espera.
Como un hambriento Tántalo me pinto,
a la boca la fruta hermosa y bella,
mil lenguas de ella, y del cristal distinto.
Yo he entrado donde el tiempo me atropella,
porque si es toda el alma laberinto,
¿cómo podrán salir cuidados de ella?