Venció Alejandro mi constante pecho;
no hay al primer amor mujer constante,
y de mi fortaleza, lo importante
por tierra puso el tiempo a mi despecho.
El alto muro de mi honor deshecho,
labrado de mil puntas de diamante,
mandó al alcaide que al amor levante
la puente levadiza al paso estrecho.
Para que la mujer escuche y crea,
naturaleza al principal sentido,
que es el oír, con cera le rodea.
¡Oh, mujeres! Si amor no os ha rendido,
¿qué importa que diamante el pecho sea,
si es de cera la puerta del oído?