Yo pagaré con lágrimas la risa,
que tuve en la verdura de mis años,
pues con tal declarados desengaños
el tiempo, Eliseo, de mi error me avisa.
Hasta la muerte en la corteza lisa
de un olmo, a quien dio el Tajo eternos baños,
escribí un tiempo, amando los engaños
que mi temor con pies de nieve pisa.
¿Mas que fuera de mí, si me pidiera
esta cédula Dios, y la cobrara
y el olmo entonces el testigo fuera?
Pero yo con el llanto de mi cara
haré crecer el Tajo de manera,
que sólo quede mi venganza clara.