Mucho parece este español sirena,
pues hablando me mueve los sentidos,
cuya agradable voz a mis oídos
con dulce y regalado acento suena.
Así tiene a sus quejas Filomena
los árboles y el viento suspendidos,
y están los ojos del pastor dormidos,
que de Mercurio el agua el curso enfrena.
Guardarme debo, amor, de tus enojos,
y pues tan cerca el enemigo veo,
seré griega huyendo y venciendo palma.
No sea este español para mis ojos
sirena, ruiseñor, Mercurio, Orfeo,
que un dulce hablar es piedra imán del alma.