Que siendo la virtud digna de amarse,
hasta en los enemigos, por sí propia,
en Carlos la desame, cosa impropia
y que más en mi edad debe culparse;
pero si suele el cielo desvelarse,
por ser el hombre su retrato y copia,
y buscarle en la Scitia y en Etiopia,
si allá de la virtud quiere alejarse,
¿qué mucho que yo imite al mismo cielo
en reducir al malo y dar castigo
al bueno, que ya tengo por consuelo?
Por reducir al malo, me fatigo,
y como en no perderme me desvelo,
huyo de Carlos y a Alejandro sigo.