Noche, que das descanso a cuanto vive,
al son de arroyos y de fuentes duermes;
la que madres solícitas aduermes,
cuando tus ojos Argos apercibe;
tú, cuyo manto azul el cielo escribe
de figuras, imágenes inermes,
así jamás de su humedad enfermes,
ni el tiempo de sus céfiros te prive.
Porque goce, primero que te huyas,
de Inés, corona de tus luces bellas,
haz que me miren con piedad las tuyas;
que así la suya gozará por ellas,
si no es que por envidia de las suyas
contrarias se me vuelvan tus estrellas.