Echando al mayor mundo todo el velo,
asombra la celeste artillería,
y entre pedazos de tiniebla fría,
por donde daba luz escupe hielo.
Mas tomando con lástima del suelo
el hacha eterna, el que a los años guía;
huye el horror y resucita el día
en el alcázar del sereno cielo.
Así con puros rayos celestiales
en tanta tempestad tu Sol previenes,
hermosa Blanca, y a mis ojos tales.
O bien haya el rigor de tus desdenes,
porque sino se hubieran hecho males,
era imposible conocer los bienes.