Señor divino, tierno soy; ya veo
el ejemplo de un árbol en mi vida:
guiad la rama a vuestra mano asida,
para que llegue al fin que adoro y creo.
El Christus en que ahora el alma empleo,
a su divina ciencia me convida:
si yo lo sé, ¿qué error habrá que impida
el camino que lleva mi deseo?
Mis letras son vuestro divino arado;
pues soy labrador, con él os sigo,
que seguir vuestra cruz me habéis mandado.
De un labrador es la riqueza el trigo;
trigo sois de Belén y pan sagrado;
¿qué riqueza mayor que vos conmigo?