Ingrato dueño mío, aunque pretendas
matarme con rigores y desdenes,
y sin oír las partes me condenes,
quiero que mi verdad y amor entiendas.
Mas no es razón que sin razón me ofendas,
y pues en otros gustos te entretienes,
y de mi honor mayores prendas tienes,
triunfa también de esas humildes prendas.
Cesen, por vida mía, los enojos;
que príncipes conmigo son quimera,
sueño del gusto, engaño de los ojos.
Y cuando como piensas los rindiera,
¿qué pierdes en tenerlos por despojos,
pues a tus pies con ellos me pusiera?