Atreviose el inglés, de engaño armado,
porque el león de España vio en el nido,
las uñas en el ámbar, y vestido,
en vez de pieles, del Tusón dorado.
Con débil caña, no con fresno herrado,
vio a Marte, en forma de español Cupido,
volar y herir en el jinete, herido,
del acicate, en púrpura bañado.
Armó cien naves, emprendió la falda
de España asir por las arenas solas
del mar, cuyo cristal ciñe esmeralda.
Mas, viendo en las columnas españolas
la sombra del león, volvió la espalda,
tendidas las banderas por las olas.