¡Qué presto que se ciega el más prudente
viendo una bella y celestial pintura!
¡Qué bien le llaman al amor locura,
instantáneo furor, fuerte accidente!
Cogiome una belleza de repente,
no pude discurrir en mi cordura.
Mas ¿qué mucho ¡ay de mí! si una locura
a Júpiter sujeta omnipotente?
Miré, cegueme, en fin, quedé vencido,
tengo un rey por contrario altivo y fuerte
a eternos celos quedo condenado
pues jamás ha de ser sino vencido
ni podrá desear mi triste suerte
mayor ventura que o haber mirado.