Montes de la sagrada Palestina,
de Sión al Tabor de Galilea,
altas y verdes palmas de Idumea,
la Reina de los ángeles camina.
Las vuestras humillad a su divina
frente, que el sol con rayos hermosea,
¡y tú, pues ya tus márgenes pasea,
santo Jordán, la blanca tuya inclina!
No soy yo solo, aunque con ella estuve,
la guarda y la cortina de María,
¡más bien guardada a vuestro monte sube!
Y aunque la ha de tener guardado un día,
no es arca de maná que lleva nube,
porque es el mismo Dios el que la guía.