Qué paz gozara el mundo, sino hubiera
nacido amor, ni su furor mostrara,
Troya estuviera en pie, Grecia reinara,
ociosa, y sin valor la guerra fuera.
Ni tortolilla en álamo gimiera
ni toro en bosque de dolor bramara,
ni su cama el coloso ensangrentara,
ni el mar tranquilo arar sus campos viera.
No tuviera las almas el profundo,
que le dieron Briseyda, Elena y Cana,
Cana Española, y el Simón segundo.
Pero perdona amor, que me olvidaba,
de que por ti se ha conservado el mundo,
pues más engendras, que la muerte acaba.