Nacen algunos hombres de tal modo
en la soberbia, que en la infamia para,
como si para hacerlos Dios, tomara
en su principio diferente lodo.
Hable el más detractor, presuma el Godo,
que contra los respetos de la cara
en las espaldas y de letra clara
con la pluma vulgar se escribe todo.
Pregunte Cristo: o Pedro, a la fe tuya
¿qué se dice de mí? ¿qué es lo que siente
el mundo sólo en las virtudes mudo?
Que preguntar lo que en ausencia suya
decían de él los hombres, solamente
quien era Dios seguramente pudo.