Soberano Pastor y Juez inmenso,
poderoso Señor, de mí ofendido,
perdóname el delito cometido,
y mi llanto en tu altar sirva de incienso.
Mi ingratitud y mi ignorancia pienso,
y a tus divinos pies postro rendido:
la filiación arrepentido pido
y el perdón tuyo con dolor inmenso.
En la ciega prisión de mis errores
he vivido, Señor; mas ya mis rejas
y su puertas rompí, y a ti me ofrezco:
llamando siempre están los pecadores.
Una, aunque indigna, soy de tus ovejas;
no me juzgues, Señor, como merezco.