Ingratos canes, para mí dañosos
que sustento del alma vuestra vida,
si es vuestra rabia en mí de sí homicida,
¿para qué en perseguirme tan furiosos?
Mas ¡ay! en vano os volverá piadosos
quien por naturaleza así os convida,
que os tiene mi razón embrutecida
hartos, hambrientos, y sin sed rabiosos.
Si os di sustento, yo la causa he dado
para ser de vosotros perseguido,
pues en bruto merezco ser mudado.
Que no acoséis el alma tanto os pido,
bástale al cuerpo ser el desdichado,
no tome ella la forma del vestido.