No estuvo Gerineldos en Sansueña
tan dulce por la dama Quintañona,
ni, por la bella infanta Palamona,
tan alegre Roldán en Fuentidueña;
ni Baltenebros en la pobre peña,
por su dama, tan blando de carona,
ni menos por los caños de Carmona
tan fuerte Baldovinos por su dueña,
como yo estoy por Beatriz; más linda
que un pie bien hecho con zapato nuevo;
más colorada que manzana o guinda.
Si yo la robo y en mis brazos llevo,
París a Elena en competencia rinda,
a Europa el toro, y a su Dafne, Febo