Mil veces que me obligan ocasiones,
dulce Jesús, tan tierno amor me enciende,
que os voy a requebrar, y me suspende
la copia desigual de mis traiciones.
Vuestra piedad esfuerza mis pasiones,
vuestro respeto hablaros me defiende,
que mal puede quien ama a quien le ofende
sufrir ofensas y escuchar razones.
Si aquella fe que dos amantes liga,
tuviera yo, pidiéraos yo favores,
mas tanto error a enemistad obliga.
Quisiera hablaros tierno, y mis temores
no me permiten que requiebros diga,
que donde no hay amigos, no hay amores.