Luz de mis ojos, yo juré que había
de celebrar una mortal belleza,
que de mi verde edad la fortaleza
como enlazaba hiedra consumía.
Si me ha pesado y si llorar querría
lo que canté con inmortal tristeza,
y si la que tenéis en la cabeza
corona ahora de laurel la mía.
vos lo sabéis, a quien está presente
el más oculto pensamiento humano,
y que desde hoy con nuevo celo ardiente
cantaré vuestro nombre soberano:
que a la hermosura vuestra eternamente
consagro pluma y voz, ingenio y mano.