¡Oh, pues, qué linda cosa el casamiento
para forzar con él a un hombre el gusto!
Que aun hecho con el gusto, al más a gusto,
algún azar impide su contento.
Llamaron al casar melón, que al tiento,
al olfato, a la vista, viene al justo;
pero puesto el cuchillo de un disgusto,
descubre la corteza el pensamiento.
Cuál está muy maduro, cuál muy duro,
cuál no tiene sabor, y cuál amarga;
cuál, probado una vez, no está seguro,
cuál lleno de pepitas, de hijos carga.
¡Dichoso quien le halló sabroso y puro,
de corta lengua y de paciencia larga!