¡Cuánto debes, amor, a aquellos ojos,
de cuya fuerza siempre te acompañas,
pues usando por flechas de pestañas,
autorizas tu templo con despojos!
Son las cajas sus arcos nunca flojos,
por más victorias o por más hazañas,
verificas con ellas cuanto engañas,
dorando insultos, desmintiendo antojos.
Poco debe a los suyos quien no mira
almas de sol con claridad sin velo,
virtud que al mundo por milagro admira.
Mucho pues por no ver es en el suelo
absoluto señor, y no suspira,
mas por tal gloria desdeñara el cielo.