La madre de las ciencias, donde a tantos
verde laurel por únicos publica,
dos corderos al cielo sacrifica,
primicias ya de innumerables santos.
Bárbara mano entre dichosos cantos
hierro cruel a su marfil aplica,
y la ribera de sus plantas rica
himnos al cielo ofrece en vez de llantos.
Henares lastimado deque dentro
de sus términos Roma entrar procura,
saliéndole dos niños al encuentro.
Rompió la margen, y la sangre pura
bebió a la tierra, y retirando el centro
le dio en arenas de oro sepultura.