Un crimen de cantáridas palpita
cabe el polen Floridos celibatos
perecen de pasión bajo los gratos
azahares perversos de Afrodita
Como un corpiño que a besar excita,
el céfiro delinque en los olfatos;
mientras llueven magníficos ornatos
a los pies de la Virgen de la ermita
Tocando su nerviosa pandereta
una zagala brinca en el sendero;
y al replique pluvial de la pileta,
con un ritmo de arterias desmayadas,
se extinguen en el turbio lavadero
las rosas de las nuevas iniciadas