Ocho mulas, con clámides, blondas y ramilletes,
fingen de trilladoras en la huerta vizcaína:
gradúa el mecanismo una urgente azotaina,
y revientan zorzicos y castañas y cohetes.
«¡Demoñua! ¡Arrayua! y ¡Alpe! ¡Maduxa y Vaina!»
la interjección salpica iracundos falsetes
Arde la ingenua sidra Chillan los gallardetes
y suspira de júbilo la sabrosa dulzaina.
Los coloquios ufanos de oros y de claveles,
brindan al sol de crótalos, pitos y cascabeles
Sobre el bolero que arma su vorágine pronta,
el polvo de las eras sigue brumosas tildes,
y traduce el incienso, que el pan grato remonta,
hacia el buen Sol, patrono de las almas humildes.