Pasó en un mundo saturnal: yacía
bajo cien noches pavorosas, y era
mi féretro el Olvido Ya la cera
de tus ojos sin lágrimas no ardía
Se adelanto el enterrador con fría
desolación Bramaba en la ribera
de la morosa eternidad, la austera
Muerte hacia la infeliz Melancolía
Sentí en los labios el dolor de un beso
No pude hablar En mi ataúd de yeso,
se deslizó tu forma transparente.
Y en la sorda ebriedad de nuestros mimos,
anocheció la tapa y nos dormimos
espiritualizadísimamente