Temerario y agudo y diestro entre los diestros,
el jefe negro empuña su indómita mesnada;
y en pos de bendiciones o al son de padrenuestros,
desata las guerrillas y asorda la emboscada.
Comulgan en alforjas con los bandos siniestros
el cáliz, y con chumbos la Custodia Sagrada
Cantan misas en medio de los bosques ancestros,
y del santo respondo pasa a la cuchillada
Espeluznan en su neutra virilidad de eunuco
el rosario enroscado y un enorme trabuco
¡Oh, buen león! Apenas bate el hierro inhumano,
para orar por el alma del vencido se vuelve:
el enemigo pronto se convierte en hermano,
¡y la mano que mata es la mano que absuelve!